VOL. 29. Lección IV.

  El tiempo se ha convertido en mi amigo, quién lo diría…

Con él he aprendido que dejarte marchar fue la mejor decisión para mi y la peor para ti. No existía convicción alguna en un momento tan reciente y desconcertante. Tan solo la necesidad de silencio… Tú más que yo, o de eso me convencí junto al tiempo. Pero a pesar de respetar cada paso, cada toma de decisión, no sé cuándo dejaré de soñarte… Supongo que eso es más tiempo con el tiempo.

… y lo cierto es que desde que no estás te veo en la calle, en los libros, en mi mente, en mis ojos…Te veo en ellos. Incluso me quito minutos frente al espejo, no porque no me guste lo que veo sino porque a veces me veo y te veo. Te busco en otras caras. Y verte me puede, me inestabiliza, me hace sentir cosas sin nombre… Me hace posible lo imposible. Ni malo ni bueno… sólo mucho amor acumulado. Así, es como ahora camino mi vida con mucho amor. Segura pero sin fin y tendría que haber empezado a caminar así desde muy pequeña. Recoger lo que la vida me ofrece al caminar y no pensar en un solo fin sino en muchos juntos. Hacer que sume siempre.

Nadie sabrá que pasará mañana porque el tiempo sabe guardarle los secretos a éste. Tampoco se cuándo dejaré de hacer las cosas que te hago sin tú saberlas, ni cuánto de más fuerte seré…

… y mira que lo único que le he podido sacar al tiempo es que ahora me estás echando de menos. Porque te di lo mejor de mi; no por ti, sino porque así me siento yo siempre conmigo desde que nací, y hasta que tú no hagas lo mismo contigo no sabrás cuál es la mejor o peor decisión para ti.

Porque el tiempo me contó:

– No te quiero.

¿No te quieres?

– No, no… Que no te quiero.

Pues eso, que no te quieres.

Todo es cuestión de sentimientos, pensando que el problema somos nosotros cuando es el resto. Mejor que tú no hay nada. No dejes que nadie ni nada haga de ti un nada. Sopla fuerte y vive… siempre. 

Anuncios

VOL. 28. Díctame en Julio.

Empezó sin querer. Pero sin quererlo; se querían. Así fue como se enamoraron. Una noche quedaron para estudiar en casa de él. Él estudiaba algo de leyes. Estudiaba en silencio. Él parecía concentrado con apuntes sobre la mesa, mientras ella lo estudiaba a él. Así que le propuso un juego. Le pidió por favor, que fuera partícipe de lo que quería escribir, que se dejarán llevar… Que le dijera lo primero que a él le pasara por la cabeza, y ella cómplice de eso lo escribiría al mismo tiempo… Ella comenzó.

̶  ¡Bájame las bragas!

̶  No las llevas.

̶  …¿y por qué no las llevo?

̶  Ya lo hemos hecho.

̶  Y qué…

̶  …

̶  Soy insaciable.

̶  Cómo me pones…
(Él supiró…)

̶  Te falta una (s) mi amor… es suspiró.

̶  Es cierto. Gracias. No veo bien.

̶  Ahora sé por qué me ves guapo.

̶  ¿Por qué?

̶  No ves bien.

̶  ¡Calla! Eso no es cierto…yo veo dentro de ti.

(Silencio)
(Silencio)
(Se miraban…)

̶  Cuando hay más de un silencio dicen que es magia.

̶  Sí… pero tenemos que estudiar.

(Una hora más tarde).

̶  Fin del tema 1. Amor para inocentes. Di lo primero que se te ocurra.

̶  El qué…

̶  Amapola.

̶  Turquesa.

̶  Perro.

̶  Flauta.

̶  Caca de vaca.
(Él puso una cara rara…)

̶  Lámpara.

̶  Juego de palabras sin ningún puñetero sentimiento, ¿eh?

̶  Por qué sin sentimiento. Será sin sentido.

̶  Exacto… porque las palabras no tienen ningún sentido si no las sientes.

(Y se miraron, otra vez).

̶  A ver, ven. Deja de escribir.

(Ella se acerca…)

̶  ¿De qué color tienes los ojos?

(Le pidió él que lo escribiera).

̶  Sigue estudiando, anda… Tema 2. La convulsión al polvo.

̶  Levántate esto, por favor.

̶  No, ahora no.

̶  Que sí, mi amor…

̶  Que no lo vamos a hacer…ahora no.

̶  Que sí, que yo te quiero.

̶  Espera, esto tengo que escribirlo.

…qué importará lo que el resto piense mientras estemos al otro lado. Por una noche más sin sentido para aquellos y con más sentido para nosotros.

VOL. 27. “D” de Decido.

Hoy hago cosas que merezcan la pena. Todas las penas del mundo. Voy a desmitigar todas las limitaciones de nuestra historia. Voy a luchar por aquello que creí. Voy a descubrirnos en un paralelismo de ingenio. Voy a saltarme todas las leyes. Me salto las leyes de la moral. Las leyes de la ética. Las leyes del bien y el mal. Hasta las de la metafísica cuántica. Me saltan hasta las lágrimas. Voy a recodarnos, otra vez. Voy a pensar que me da igual lo que estés haciendo o creas hacer. Me da igual que te enfades. Me da igual que decidas. Yo también decido. Por eso, hoy decido hacer cosas por amor. Haciendo el amor. Decido quererte. Decido verte. Decido estar ahí. Decido prometer causarte más de un dolor de cabeza porque no soy fácil. Créeme. Decido coger un vuelo con o sin tu consentimiento. Decido pensar que estarás ahí. Decido abrazar todas las posibilidades.

Decido romperme y más tarde… Más tarde no lo sé. Bueno, sí sé. Para más tarde decidir comprar cinta aislante y super glue del bueno.

VOL. 26. 38 lpm.

Servicio de Cardiología

Sufro una enfermedad del corazón, llamada cardiopatía isquémica. Por lo que me doy la bienvenida a ese 29,98% que forma parte de ella. Mi pronóstico totalmente incierto, como mi vida en sí desde que nací. Así que me uno sin desearlo a esa población que sufre una patología coronaria, conocida por ser la causa más frecuente de muerte cardiovascular en éste, nuestro queridísimo país. Y ahora, es cuando desearía ser americano. Las etiologías pueden ser muchas. Según tengo entendido por el estilo de vida en general; hábitos alimenticios, tabaquismo, sedentarismo, diabetes mellitus… Pero en ninguno de los artículos, revistas y enciclopedias basadas en la evidencia científica hablan de la puta que me hizo esto. Mi médico por supuesto no está a mi favor, pero yo sé que estoy en lo cierto.
Os contaré mi historia. Por cierto, yo, sí soy médico. Medicina para el autodiagnóstico.

Hace unos años conocí a Dorian. Sé que puede ser nombre de chico, eso le dije yo la primera vez que la conocí. De hecho, era tan perfecta, tan increíble, tan de todo que no me podía quitar de la cabeza que hubiera sido hombre antes de conocerme. Así pues, la observaba en todas sus facetas, en todas las posibles situaciones y no le encontraba ningún defecto. Miraba sus manos, su cuello, sus piernas, sus ojos, su boca, me fijaba hasta en el tono de su voz, en sus palabras, en todo aquello que decía y que a poco a poco me iba envolviendo. Me llegó a envolver tanto que no veía lo evidente. Sólo quería mi dinero. Ella, estaba y está de muy buen ver y yo no soy superficial, no se equivoquen, aunque tampoco pasaría nada si lo fuera, tal y como está el mundo, creo que hay cosas peores. Pero, la primera impresión me hechizó. Además, sabía comportarse de todas las maneras con mis amigos y más adelante con mi familia. Mi madre, incluso, la adoraba.
Yo nací en Asturias, en un pueblo llamado Gijón. Provengo de una familia humilde. Mi madre trabaja en una panadería, heredada por mi difunta abuela y mi padre es mecánico. Lo de mis padres sí es amor. Pero amor, con mayúsculas. AMOR. Llevan 63 años juntos y nunca he visto a mi padre menos enamorado de mi madre. Ellos, por ilusión y esperanza, han jugado a la lotería, además de las muchas y consecutivas desilusiones cuando no les tocaba. Pero un buen día, les tocó. Les tocó el gordo. Por lo que nuestra vida, no sólo la de ellos, sino la mía y la de mi hermana, cambió en todos los sentidos por y para siempre.
Una mínima parte del dinero, mis padres le dieron uso en deudas pendientes como cualquier hijo de vecino. Y el resto, lo repartieron. Sí. Mis padres a parte de enamorados y buenas personas, siempre han sido muy generosos con los suyos. Sin tener por qué…
En fin. Mis padres me solucionaron la vida en cuestiones económicas, todo era mucho más sencillo con dinero. No os voy a engañar. Quería esto y lo tenía. Pero con el tiempo me daba cuenta de que había cosas que no podía comprar y que mis amigos ya no eran tan amigos, como yo había pensado siempre. De repente, “amigos”, conocidos y personas a las que hacía años que no veía, se arrimaban a mí como si yo fuera algo importante en sus vidas. Amigos del alma, así lo describiría. Al principio, no era consciente de ello, celebraba fiestas, era generoso con la gente de mi alrededor y amigo de mis “amigos”. Hasta que un día, lo vi. Me di cuenta de lo hipócritas, interesadas, convenidas e inhumanas que pueden llegar a ser las personas por 500 euros. Sólo por pensar…

̶ ¡Cómo a Felipe le sobra…! ¡Qué más da!

Bueno en fin… que al final acabé siendo un infeliz. Un infeliz en todos los sentidos, por lo que quise compartir mi vida con alguien que no supiera de la existencia de mis cuentas bancarias. Si algo he aprendido, es que si te toca, no lo cuentes nunca.
Así que un día, en un evento organizado por mis primos segundos tropecé bailando con una chica y así es como la conocí. Dorian en aquel tiempo, era amiga de un amigo de mi primo segundo, Fausto. Bueno,“amiga”, ya me entendéis.
Recuerdo que ella llevaba un vestido blanco con pedrería porque bailando se lo manché de vino, aunque siendo sincero, no me fijé para nada en su vestimenta. No sé ni cómo pasó que con el paso del tiempo, acabé enamorado de ella. Me casé en régimen de bienes gananciales, nos compramos una casa al lado de la playa en Barcelona y tuve una niña. Mi pequeña Bella. Se parece a mi madre. De esto, hace ya tres años aproximadamente. Cuando me hice padre, ella empezó a cambiar y a veces se ausentaba, dejándome con nuestra hija semanas con la excusa de la familia. Hasta que un día se ausentó para siempre y decidió quitarme todo lo que tenía. Yo no entendía nada, pensaba que me quería. Por lo que en mi más tremenda desesperación, impotencia e incluso miedo le escribí una carta. Una carta que envié dos días antes de enterarme que si ella se casó conmigo fue por dinero. Como ya os había comentado, nunca quise hacerla partícipe de mis cuentas bancarias por lo ocurrido con mis “amigos del alma”. Así que, ya se encargaron otros de contárselo en detalles.
Y ahora, solo tengo taquicardias al pensar en aquello que le escribí desde lo más profundo de mi corazón. Pensando que si así lo hacía la recuperaría.

Para Dorian;

Cuando creo que no te pienso, creyendo que no lo hago es cuando inconscientemente vuelvo a caer en tu red infinita en forma de espiral, en tu ADN y te pienso como cualquier mente pensante de algo que invade su pensar. Pensando que no lo hago, creyendo que lo he superado. Esperando un ápice de solidaridad humana resumida en tiempo y convertida en dosis de autoconvencimiento de que algún día podré olvidarte. Y cuando creo que lo he hecho, vuelvo a pensarte sin saber, pero sabiéndolo. Y cuando miro a nuestra niña, convencido, creo que algo bueno alberga en ti, porque de lo contrario, Bella no sería tan maravillosa como es y yo no sería lo que pensaba que fuimos. Te Quiero, vuelve.

Así que mi arrepentimiento, me hizo despertar la imaginación, y le envié la segunda carta con la excusa de que le envié la equivocada. La que no estaba acabada:

Cuando creo que no te pienso, creyendo que no lo hago es cuando inconscientemente vuelvo a caer en tu red infinita en forma de espiral, en tu ADN y te pienso como cualquier mente pensante de algo que invade su pensar. Pensando que no lo hago, creyendo que lo he superado. Esperando un ápice de solidaridad humana resumida en tiempo y convertida en dosis de autoconvencimiento de que algún día podré olvidarte.
Y cuando creo que lo he hecho, vuelvo a pensarte sin saber, pero sabiéndolo. Y cuando miro a nuestra niña, convencido, creo que algo bueno alberga en ti porque de lo contrario, Bella no sería tan maravillosa como es y yo no sería lo que pensaba que fuimos. Te Quiero, vuelve es lo que diría un hombre enamorado de su dulce mujer. Pero como yo no soy ese hombre y tú no has sido dulce, te digo que te den hija de la gran puta.

VOL. 25. Dirección-ame.

IMG_20140815_064233Ella siente escalofríos en sus muslos. Ésos en los que me guío cuando no encuentro el camino a casa. Aunque nunca me acuerdo qué dirección tomar, si norte o sur. Pero cuando ya consigo ubicar todas mis sensaciones y, siento el tacto y la temperatura de su piel, empiezo a saber qué es norte y qué sur. Comienzo a caminar por donde más me apetece y cuando encuentro desperfectos por el camino, supongo que ella también se topó con los míos… Presumo de tan bellos desperfectos a los que admiro, sonrío y beso, deseando formar parte de aquello que amo tanto.

Ahí es cuando ella se estremece, se encoje, y alzando la mirada puedo observar como traga saliva para respirar aún más fuerte, cómo hace para expulsar todo el placer que le provocan mis besos. Esos besos que no son solo míos, sino nuestros. Así pues, mientras nuestros besos hacen mella en nosotros, noche tras noche, comienzo a pensar en la necesidad de hacerla feliz. Una felicidad que corresponde con la mía, una felicidad resumida en nosotros.

Porque al fin y al cabo, si recorro cada uno de sus poros con mi lengua, ¿acaso no somos nosotros, amor? Somos nosotros practicando sexo. El sexo, mi sexo, tu sexo, nuestro sexo; por lo que ella está inquieta. La hago enloquecer con mi aliento, con cada una de mis húmedas caricias y cuando consigo convencerla, hacerla desear lo mismo que yo, empiezo a notar un movimiento vibratorio que hace que me agarre más fuerte a su piel y en ese preciso momento, lo veo…lo estoy viendo. Ella me abre las puertas a lo más profundo de su ser, veo el oasis enfrente de mí, observo un viaje sin vuelta y empiezo a imitar a Tarzán. Comienzo a preguntarme cómo sería vivir siempre entre lianas y montículos. Así que descubro mi vocación, quiero ser agente de vuelos, pero siempre en la misma dirección.  Y con un billete pagado por ella, empiezo a adentrarme a lo más salvaje de su sensual morada y ahí es cuando me enamoro sin darme cuenta. Descubro habilidades que desconocía en mí y me asusto.

Lo sabe… sabe que ese grito ensordecedor que viene de su boca con un aliento tras otro me gusta tanto que me deja enterrado en él y empieza a diluviar, por lo que tomo un baño acogedor entre sus fluidos y me quedo sin respiración junto a ella, intentado anidar en ese vacío. Pero no me doy por satisfecho, y comienzo a escalar el Everest al cuadrado, de derecha a izquierda, y cuando por fin llego; escucho los latidos de su amor por mí, sintiéndome en casa… Y con mis brazos rodeándola, me duermo anclado en sus recuerdos al susurrarle; te quiero.

VOL. 24. Lección III.

Últimamente, pienso mucho lo que aguarda dentro de mí y a pesar de no mostrarlo, ni yo sé en realidad lo que llevo almacenando tanto tiempo, sí sé que estoy llena de anatomía orgánica la cual desarrolla una función, que con el tiempo se oxida, se desmaterializa y se convierte en polvo. Puede que el tiempo sea irrelevante, puede que simplemente no me conozca del todo, pero lo que sí sé es que estoy llena de vida hasta el momento. Porque pasado ese preciso momento en el que expreso esto que siento con mis ganas de compartirlo contigo, una “necesidad necesaria” junto al deber de plasmar aquello que diré en unos segundos, te diré que puede que deje de vivir. Sin embargo, han transcurrido ya dos minutos, después de haber escrito estas dos líneas y sinceramente amo la vida, no carezco de vivirla y me niego a dejar de sentirla como mía. Por ello, aquí estoy, porque si no fuera así, no estaría cuestionándomela. ¿Nadie se ha cuestionado su propia vida y el sentido de la misma? Creo que aquel que no lo haya hecho aún, se está perdiendo una gran parte de él mismo. De esta forma, rapto y violo un poco de tu esencia, y perdóname por mis palabras si no son las correctas, para poder decirte que tras cinco minutos aquí contigo, he aprendido a tomar decisiones para ser feliz. No quiero que asumas esa responsabilidad, simplemente que te sientas parte de mi felicidad en este preciso momento. Porque aunque creas que me regalas ausencia, aquí tirada sin ti en este sofá desfasado como un trapo en el cubo de la ropa sucia, quiero que sepas que a pesar de tu semblante siento que estás en el lugar correcto y me estoy riendo contigo y también con aquel que esté al lado tuya, haciéndole cómplice y partícipe de este, mi gran secreto.

Mi secreto se basa en el cómo y así pues con la sucesiva cuestión de; ¿cómo poner en práctica dicho “cómo” en mi vida?

Respirando más fuerte.

VOL. 23. Verano de noches.

…y se paseaban, contemplando las calles solitarias al anochecer, asombrándose el uno del otro. Pensando que la ciudad les pertenecía, sí…una pertenencia algo extraña; como el lápiz a la goma de borrar. Eso se pensaron, ellos se miraron…de eso hablaron ambas miradas pasmadas. Surgían cuestiones que ni se plantearon, en función de sus acciones, en función de cómo se sabía que se desvanecería.

̶ ¿Qué le dijo la goma de borrar al lápiz?

̶ No lo sé.

̶ Le dijo…: Sin mí se talarían más árboles que corazones enteros.

̶ Te lo acabas de inventar.

̶ Sí… ¿Y qué?

̶ No, nada. Te ha quedado bonito.

(Se miran a los ojos, se hablan…)

̶ Yo quiero viajar y vivir mucho.

̶ Y yo… sobre todo vivir. Es importante hacer todo lo que se pueda cuando se es joven, si no después vienen las lamentaciones.

̶ Sí… A mi aún me queda mucho.

̶ La India. Yo quiero ir a allí…

̶ Buff, la India mola, ¿eh?

̶ ¡Sí, mucho! En plan mochilero…

̶Sí, tío.

̶ Sí… con una bici.

̶ …O dos.

Se imaginaban sin querer hacerlo, como quienes imaginan un vaso de agua en mitad del desierto…como aquel que se encuentra en situaciones desconocidas y se pregunta; yo no sé mañana…

̶ ¿Fue un sueño…?

̶ Puede que lo fuera…o no.

VOL. 22. Yo en catorce líneas.

El ayer, ha hecho que sea hoy. Puesto que el hoy es obra del pasado. Qué sería de mí, sin mis recuerdos de lo que fui o más bien, de lo que soy.
Recordar es volver a pasar por el corazón. Par coeur. Mis recuerdos son lo que soy, si dejé de recordar, perdóname; soy un extraño.
El tiempo es tan sólo la atribución de números, a los cuáles les damos un sentido, un instante…el tiempo se resume en un tic-tac inventado por el hombre. Mi tiempo soy yo. Todo lo que no forma parte de él, es frío. Menos mal que soy efusiva. Pero qué pena a veces, cuando no tengo tiempo de tantas cosas, ni siquiera de las que más me gustan…
Escribir para ser leído y como tal, perderme tu cara cuando lo haces, así como derramar pensamientos en tu pensar. Ilústrame con tu lectura y te escribiré a tiempo en tan sólo un momento.
Te echo de menos; tiempo. Echo de menos, echarme en falta de vez en cuando.

Y mientras lo hago; aquí sigo, sin escribir por mi falta del yo.

VOL. 21. Llámame por mi nombre…

Para él, de Lorraine

No se sabe lo valiente que se ha sido en el pasado hasta que llega el presente con su incertidumbre y te llama:

                                                                                                                                                cobarde eres, valiente fuiste…

Porque cuando no se sabe nada de nada; no existen los miedos, pero en cuanto se sabe mucho de mucho; los pies se endurecen, las manos dejan de estremecerse, la espalda siempre está cubierta, el aliento sabe a poco, la boca se seca, los nervios ya no oprimen, los ojos acechan, el ingenio se agudiza y el corazón se escarcha.

Por ende, tus labios tan sólo pronuncian frases estereotipadas: no puedo, no quiero.

Y ahora sé que el tiempo me da la razón, que si te digo que no he intentado olvidarte; te miento, que a estas alturas del camino ya no pienso en ti; me sincero. Aprendiendo a valerme por mi misma, a quererme, a respetarme, a acompañarme y después de mucho, sé que estamos destinados a no ser. La vida son momentos, y tú te convertiste en uno de ellos, así de afligida es esta historia. Así de triste eres.

Fuiste un día, un lugar, una sonrisa, una cita, un montaje, una alegría, un llanto, un beso; muchos… de todo fuiste y nada eres.

Nada.

 Porque si algo eres, te diré que…

“Un querer sin querer es el tuyo, mientras no quites decididamente la ocasión. No te quieras engañar diciéndome que eres débil. Eres…cobarde, que no es lo mismo”.

VOL. 20. Ser o No Ser.

                                                    …que mi corazón sea tuyo,                                                                   sólo cuando yo lo elija.

                                                                 … hacer cosas que crea
                                                  incapaz de hacer.

                                                                                  Ser Coraje de una vez.